También estás creciendo cuando nadie lo ve

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Hay momentos en los que sentimos que nada está pasando.

Hacemos esfuerzos, intentamos cambiar, pensamos, volvemos a empezar… y sin embargo no vemos resultados.

Entonces aparece la impaciencia.

La sensación de estar estancados.

La pregunta inevitable:

¿Para qué estoy haciendo todo esto si nada cambia?

Pero no todos los procesos importantes son visibles.

La semilla también parece quieta

Cuando una semilla está debajo de la tierra, desde afuera parece que no ocurre nada.

No vemos movimiento.

No vemos hojas.

No vemos flores.

Sin embargo, algo está sucediendo.

La semilla empieza a transformarse.

Primero hacia adentro.

Después hacia abajo, buscando sostén.

Y recién más tarde aparece aquello que podemos ver.

Muchas veces nuestros propios procesos se parecen a eso.

Antes de que una decisión se vuelva evidente, hubo preguntas.

Antes de poner un límite, hubo incomodidades.

Antes de cambiar de rumbo, hubo dudas.

Antes de animarnos a hacer algo diferente, probablemente hubo mucho tiempo en el que parecía que nada estaba ocurriendo.

Pero estaba ocurriendo.

No todo crecimiento hace ruido

Vivimos en una época que nos invita a mostrar resultados.

Los logros.

Los cambios.

Las metas alcanzadas.

Y eso puede hacernos creer que solamente avanzamos cuando tenemos algo visible para demostrar.

Pero también crecemos cuando aprendemos a decir que no.

Cuando dejamos de responder inmediatamente.

Cuando reconocemos que estamos cansados.

Cuando nos permitimos cambiar de opinión.

Cuando empezamos a tratarnos de otra manera.

Cuando aquello que antes tolerábamos deja de parecernos aceptable.

Cuando una pregunta nueva aparece en nuestra cabeza y ya no podemos ignorarla.

Quizás nadie lo note.

Quizás ni siquiera nosotros podamos verlo con claridad todavía.

Pero algo empezó a moverse.

También hay momentos para echar raíces

No podemos estar permanentemente floreciendo.

Hay etapas para avanzar y otras para detenernos.

Momentos para decidir y otros para observar.

Tiempos para hacer y tiempos para comprender.

A veces necesitamos mirar hacia afuera.

Y otras veces necesitamos volver hacia nosotros mismos.

No porque estemos retrocediendo.

Sino porque también necesitamos raíces para poder sostener aquello que queremos construir.

Tal vez no estés estancado

Quizás simplemente estés atravesando una etapa que todavía no muestra sus resultados.

Tal vez estés acomodando cosas por dentro.

Comprendiendo.

Soltando.

Aprendiendo.

Preparándote.

No siempre podemos saber qué va a surgir de un proceso mientras lo estamos atravesando.

Pero podemos permitirnos vivirlo sin exigirnos respuestas inmediatas.

Una pregunta para hoy

En lugar de preguntarte solamente:

“¿Por qué todavía no llegué?”

Tal vez puedas preguntarte:

“¿Qué está cambiando en mí mientras recorro este camino?”

Quizás descubras que algunas transformaciones ya comenzaron.

Aunque todavía no tengan nombre.

Aunque nadie pueda verlas.

Aunque todavía no hayan florecido.

Porque crecer no siempre significa avanzar más rápido.

A veces significa echar raíces.

Y confiar un poco más en nuestros propios tiempos.

También estás creciendo cuando nadie lo ve.

Una vida más consciente es posible.

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